Los cimientos: De las aulas al primer pulso
Los orígenes del proyecto se remontan al Chillán de finales de los noventa. Con apenas dieciséis años y cursando tercero medio, Rodrigo Orellana Altimiras ya daba sus primeros pasos en la guitarra y se alineaba a su primera banda, Vinagres (hoy en día PsychoBrain). Sin embargo, un primer accidente cerebrovascular (ACV) a los 17 años marcó un antes y un después en su juventud, alterando su movilidad y desafiando su relación con el instrumento.
Lejos de abandonar el camino, Rodrigo se trasladó a Valdivia para estudiar Ingeniería Acústica en la Universidad Austral, donde integró el proyecto Monofónicos junto a su amigo y compañero baterista Mauricio Gutiérrez.
Fue en esta etapa cuando sufrió un segundo ACV, de carácter muy severo y decisivo, que lo dejó con hemiplejia en el costado derecho y problemas muy graves de movilidad. Esta dura prueba transformó radicalmente su relación con la interpretación, obligándolo a redescubrir el camino de la música desde la adversidad. Años más tarde, ya instalado en Santiago para especializarse en Ingeniería en Sonido, se unió al proyecto Poder Naranja, liderado por su compañero de universidad, Cristóbal Soto García.
De esa etapa surgieron inquietudes creativas propias que lo impulsaron a buscar un sonido personal. Rodrigo comenzó a escribir sus canciones, a hacer su propia música, y luego de transitar por experiencias en agrupaciones como Capital, junto a los mismos compañeros de banda Julio Rubio y Fernando Esteban Zeballos, lograron concretar un debut en vivo inolvidable en el Barrio Inglés de Coquimbo bajo el nombre de Altimiras.